Perfiles
Margarita Zavala, una cuestión de dignidad
07-10-2017

#Opinión

Por: José Osvaldo Rondán 

“Asesina, asesina” gritaron a Margarita Zavala, el pasado 10 de junio, en San Luis Potosí, ella con expresión impávida, dedicó el mismo rostro que presentó cuando a su esposo en la edición del 2007 de la Feria Internacional del Libro (FIL) un joven le espetó lo que sería la primera muestra de repudio a su recién iniciado gobierno, un repudio aglutinado, lanzado y bien dirigido dentro de una palabra heredada por López Obrador: “¡Espurio!”; el mismo rostro cargado de dignidad batiente que sostuvo en Campo Marte el día de los funerales del segundo secretario de Gobernación de Felipe Calderón, Francisco Blake Mora, ante la viuda e hijos; y cuando acompañó a Calderón a los eventos públicos con los familiares de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico, ellos mismos víctimas, e integrantes del Movimiento de la Paz con Justicia y Dignidad, en el Castillo de Chapultepec.

Margarita Zavala no es una asesina, ni siquiera responsable de los actos desencadenados por las decisiones ejecutivas de su esposo pero sí nos presenta un cuestionamiento de tipo moral que a todos nos vendría bien reflexionar en caso de que algún día podamos situarnos en los dilemas que a ella se le presentaron.

Y es que su silencio, el prudente mutismo exigido a todos los niveles de un orden de gobierno presidido por el presidente en turno, con mayor evidencia y más fuertemente exigido a la primera dama, es el que más ruido hace, su rostro silencioso hace ruido entre los medios de comunicación, los opinólogos, las víctimas, sus opositores y detractores. El silencio de Margarita grita consignas en su contra, peores que el “Asesina, asesina” que le espetaron aquellos ciudadanos para reventar su acto proselitista en San Luis.

El juicio del poeta Javier Sicilia respecto a las aspiraciones presidenciales de Zavala es contundente y acertado: “el gran problema de Margarita es su marido, pues cargar con su esposo para querer la Presidencia de la República simplemente la descarta…no se puede cargar con la monstruosidad, los crímenes y los numerosos desaparecidos, asesinados y desplazados de este país que inició su marido le guste o no le guste”.

 

Si bien Margarita Zavala ha creado una vida dentro de la política, pretendiendo dedicarla al servicio del prójimo (ella se abre y cuenta de sí un orgulloso linaje político y católico labrado en fuego azul por su padre don Diego Zavala Pérez) su vocación de servicio recayó en la función pública, por no preferir la vida religiosa, dos opciones que alguna vez le planteó el padre Rafael Checa, al advertir sus intereses: “Si eliges la primera, eso no descarata que lleves una vida de oración”. Describe Zavala en su libro “Margarita: Mi historia”.

Es así cómo ella declara haber conocido a México desde su juventud, desde la política, aunque su visión está filtrada por un ángulo más, que es precisamente el de su religiosidad: una familia materna con ascendencia cristera y una educación en el colegio de monjas Asunción, moldean al Dios católico de Margarita, cuyos valores personales no terminan de involucrar a una sociedad tan diversa como lo es la mexicana.

Si bien el tema de género ha sido uno de sus principales motores políticos (desde el mismo PAN, conservador por antonomasia, construyó el programa “Prepararse para ganar” cuya intención era preparar candidatas con una adecuada formación para candidaturas políticas, dando como resultado que en 2002 este partido tuviera la mayor proporción de mujeres) No se le perdona su tibieza ante temas fundamentales.

La académica Sara Sefovich en su artículo “Margarita Zavala, la primera dama que no usaba maquillaje” puntualiza la lucha política de la ex primera dama en materia de derechos de las mujeres en lo referente a la apertura de espacios políticos, combate a la violencia de género, paridad de salarios, no discriminación, educación y salud. Pero hace un matiz en dos aspectos fundamentales donde la considera conservadora: “en sus discursos sobre la familia y sobre los derechos sexuales”.

No son secreto las limitadas posturas que demostró desde su cargo de primera dama de todos los mexicanos, ante la definición de “familia”, así como en 2007 cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación despenalizó el aborto en la Ciudad de México.

La misma Margarita recuerda su sonado debate en 2001 con la feminista mexicana Marta Lamas; mientras Margarita ubicaba sus argumentos en la equidad laboral y educativa, Lamas se centró en los derechos sexuales y reproductivos:

“Comencé afirmando que había muchas cosas en las que ambas coincidimos y Marta me paró en seco: ‘No, perdón, pero no coincidimos en nada’” Retoma Margarita en su libro autobiográfico, a su vez referido en la semblanza de Sandra Lorenzano.

La mejor muestra de sus convicciones recae en la fidelidad al PAN. Toda una vida rodeada de las ideas que cimentaron los intelectuales y abogados (ella misma es abogada) que crearon el partido, navegaba ¿ingenua? sobre amplias y románticas expectativas de otros ayeres que desde su presidencia, Vicente Fox, se había encargado de mandarlos a un rincón en el pasado.

El Acción Nacional humanista de sus fundadores Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna y Carlos Castillo Peraza, no sobrevivió desde 1939 cuando se fundó hasta la llegada de la transición, y ni Fox, ni Calderón pudieron revivir.

La periodista Anabel Hernández en su libro “México en llamas” responsabiliza directamente a Felipe Calderón de la crisis interna del PAN, así como de sus funestos resultados electorales en 2012.

Desde los más profundos recuerdos de los mexicanos estallan el cuestionado arribo de Calderón a la presidencia, la guerra contra el narcotráfico y sus miles de muertos, las violaciones a los derechos humanos, el incendio de la guardería ABC el 5 de junio del 2009 cuando murieron 49 niños y 106 resultaron lesionados en la ciudad de Hermosillo, Sonora (caso que golpeó directamente a la enotnces primera dama, pues involucraba a su prima Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo, quien era directora de la guardería).

Durante los horrores vividos ese sexenio, Margarita Zavala actuó en silencio, acompañó a las madres de fallecidos y desaparecidos, pero desde la sombra. Sicilia la describió como solidaria y compasiva ante la guerra iniciada por su marido. Zavala era una figura callada que debía dejar adelante al Presidente, aunque esto significaba el sacrificio de una carrera política personal o la censura de sus opiniones.

La imagen de Zavala detrás de Calderón, recogiendo el tiradero que fue lanzando conforme avanzaba su presidencia, podría ser una estampa fiel.

Esa discreción sigue alimentando el reproche en su contra, ahora se ha divorciado de un Acción Nacional cuya dirigencia reprueba, el encanto del PAN se le reventó tras 33 años de militancia. Y ante la pregunta de si realmente Calderón será discreto y moderado (como ella lo fue durante su presidencia) de llegar Margarita a Los Pinos, es lo que motiva a la desconfianza, después del reproche por el silencio que seguirá resonando.

Así las cosas, en su video difundido este viernes donde anunciaba su salida del partido, ese que le permitió conocer a su esposo a los 17 años en su premiación por un concurso de oratoria, Zavala aseguró que se divorció del PAN para poder ser candidata ¿Haría falta una última separación para poder ser presidenta?

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