Salud
Bipolaridad, ni locura ni poesía
10-08-2017

No, no confundamos ser volubles con ser bipolares. Sí, todas las personas tienen altibajos emocionales, algunos de ellos bruscos, es normal, es una forma biológica que tenemos los seres humanos para responder a los estímulos pero eso tampoco nos hace bipolares. La bipolaridad es una enfermedad complicada cuyo significado o bien se ha frivolizado o estigmatizado.

Entendamos el trastorno de bipolaridad como lo que es, una enfermedad, una enfermedad crónica que padecen alrededor de 3 millones de mexicanos, por lo que se ha convertido en una enfermedad pública. Y no, no es locura ni poesía.

Es una deficiencia en un órgano, igual a cuando se enferman los riñones, el hígado o el páncreas, en este caso es el cerebro en su producción química que se refleja en el estado del ánimo de las personas que la padecen.

Pero ¿Qué es el estado de ánimo? Entendamoslo como un termómetro, uno que nos permite reconocer dentro de nosotros mismos cómo nos sentimos. Esto se manifiesta tanto en las emociones (qué tan felices o tristes nos sentimos, por ejemplo) como en estados fisiológicos: el sueño, el apetito y la energía. Evidentemente las manifestaciones podrán ser favorables o no, según el estado de ánimo.

 

Sintomas 

La alteración de este estado en el trastorno bipolar es asociada con un conjunto de síntomas con distinta duración y severamente diversos ¿La consecuencia? El comportamiento se modifica de una forma considerablemente marcada, de igual manera la capacidad mental.

Las oscilaciones de ánimo en el trastorno bipolar son muy evidentes, pues van desde un estado anímico muy bajo y graves periodos de depresiones, a fases con ánimo muy elevado o manías; incluso se pueden englobar oscilaciones de estados mixtos maníaco-depresivos.

De esta forma, el trastorno bipolar puede describirse como una mezcla de trastornos del estado de ánimo como:

 

  • Episodios maníacos (Estado exagerado de euforia)

  • Episodios hipomaníacos (Síntomas leves de manía)

  • Episodios depresivos (Fase de abatimiento de duración variable sin motivo aparente)

  • Episodios mixtos (Combinación de características maníacas con depresivas)

 

Hablamos pues, de una sintomatología que se produce, en general, sin motivo externo, tan evidente y marcada en periodos variables pero constantes y que puede llegar a significar un peligro para la persona que lo padece o incluso, en ocasiones, para quienes lo rodean. Sin que el enfermo lo sepa siquiera.

En los estados más elevados de la manía el sueño desaparece, la euforia estalla, el cuerpo pide descanso pero la mente no se lo puede dar, no sabe que lo necesita, ha habido casos de personas cuyos ojos dejan de lubricar, el resto del mundo se alenta y la concentración junto con las nociones de riesgo puede perderse: el motor no para, pese a que la maquinaría no puede sostenerle el ritmo. Y esta es la parte que podría denominarse más placentera.

Los negros periodos depresivos pueden ser tan intensos que el único periodo soportable es el sueño, se fracturan las relaciones interpersonales, los objetivos y los placeres parecieran lejanos y las ideas suicidas comienzan a aproximarse peligrosamente. 25% de pacientes con trastorno bipolar no medicados se suicidan, según expertos de la Asociación Psiquiátrica Mexicana.

 

Diagnóstico 

Respecto al diagnóstico de esta condición, es recomendable que sea determinado por un equipo de especialistas para que puedan evaluarse sus factores genéticos, neuroquímicos y aquellos que se refieran al comportamiento del paciente. Generalmente los especialistas comienzan una entrevista en torno a los síntomas del trastorno con preguntas tales como:

 

  • ¿Ha presentado un estado de ánimo muy elevado que le haya causado algún problema?

  • ¿Ha dormido mucho menos que de costumbre sin sentirse afectado por ello?

  • ¿Ha tenido el pensamiento muy acelerado o ha sido imposible de calmar la mente?

  • ¿Se ha interesado por el sexo mucho más que de costumbre?

  • ¿Ha gastado demasiado dinero y ello produjo algún problema para usted o su familia?

  • ¿Ha hecho cosas inusuales para usted o que otras personas consideraron excesivas o arriesgadas?

  • ¿Ha experimentado varios de los síntomas anteriores al mismo tiempo?

 

Las preguntas anteriores son en referencia a los estados de manía, según los criterios del manual de la American Psychiatric Association. En cuanto a los estados depresivos, los cuestionamientos generales son:

 

  • ¿Ha presentado tristeza melancolía o un estado de ánimo muy bajo?

  • Pérdida de interés por todo

  • Dormir poco

  • Sentimientos intensos de culpa o inutilidad

  • Pensar en el suicidio o planificarlo

 

Sin embargo, también los especialistas deben tomar en cuenta que hay otros trastornos cuya sintomatología se parecen a la bipolaridad pero no lo son (TDAH, diversos trastornos de la personalidad, esquizofrenia y ansiedad) y que deben distinguirse claramente los rasgos de personalidad del paciente con los síntomas del trastorno bipolar.

 

El paciente y su entorno

Desde el enfoque del paciente se necesita un adecuado procesamiento de la enfermedad porque una negación total del diagnóstico puede significarle el umbral para la toma de decisiones que agudicen su trastorno, como serían el consumo de drogas o alcohol. Pero, por otra parte, la aceptación debe ser orientada para evitar que la preocupación por experimentar episodios agudos de su enfermedad lo vuelvan obsesivo, al grado de pautar toda su vida bajo un yugo severo de enfermedad, olvidando sus proyectos y planes.

Esta enfermedad no debe ser satanizada, es importante comprender los síntomas y sus consecuencias sin mentiras piadosas pero siempre priorizando sus oportunidades de salir adelante. Entendámos que la bipolaridad no es un impedimento para terminar y hacer una carrera profesional, tener hijos o motivo para pasar la vida internado en un hospital.

La idea es que después de haber superado el impacto del diagnóstico, junto con el apoyo de familiares y amigos, se borre la sensación de que estar bajo el dominio de una enfermedad, a la par de un tratamiento adecuado. De esta forma, hay que determinar los elementos que corresponde a la enfermedad y aquellos que como en todos, son parte de la personalidad de cada persona.

Una vez así, se puede vivir con esta enfermedad, cumpliendo objetivos, de forma productiva e incluso creativa. De hecho, muchas personas de intereses artísticos o filosóficos han convivido con esta enfermedad con resultados históricos para el mundo de las artes y el conocimiento.

 
 
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