En Contraste
En Contraste - Terremotos: los números y la agenda política
17-10-2017
Casi ha pasado un mes desde el terremoto del 19 de septiembre pasado. El polvo ya se ha asentado y la realidad está ahí, impactándolo todo. El presidente Enrique Peña Nieto realizó un evento público para traducir esa realidad en cifras. Le comparto algunas: 400 muertos; 12 millones de afectados; dos millones de damnificados; más de 180 mil viviendas afectadas. El mismo Peña Nieto refiere que la reconstrucción costará 48 mil millones de pesos. Esos son los números. Pero es tiempo también de hacer análisis paralelos. Los 48 mil millones de que habla el presidente pueden ser una cantidad enorme... pero relativamente pequeña si se convierte en recuperación para los habitantes de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Morelos, Puebla, Estado de México y Ciudad de México, donde la desgracia fue mayor. Para muchos mexicanos, la ayuda llegó pronto. Perdieron mucho o lo perdieron todo, pero sus expectativas de recuperación son consistentes. Para muchos otros mexicanos en cambio, se perdió todo también, pero están casi abandonados; sus alcaldes, las autoridades estatales, los han postergado. Se trata de una situación dispareja. Injusta. La tarea inmediata de las autoridades, de todas, es tratar de emparejar lo más pronto posible las oportunidades y la atención; liberar con prontitud los recursos y vigilar su correcta aplicación, porque aunque parezca inconcebible, hay muchos que lucran con la desgracia de los afectados y se quedan con los recursos que se dirigen a las zonas afectadas. En medio de todo esto, las actividades políticas y partidistas con miras a 2018 empiezan a aplastar todo lo que es importante y más que eso, obligatorio, para la clase política porque para bien o para mal, es ésta la que tiene en sus manos el proceso de reconstrucción. Es cierto que la experiencia de los sismos del 7 y 19 de septiembre removió la conciencia nacional; fuimos testigos de la generosidad sin límites de miles de personas, sobre todo jóvenes, que se volcaron a ayudar de inmediato. Vimos también que desde todos los rincones del país llegó el apoyo económico y los donativos. Todo eso es verdad, pero también lo es que esa toma de conciencia puede diluirse si los mexicanos dejamos de reclamar, de indignarnos, de presionar a todos los actores públicos para que pongan por delante de sus intereses, el interés de la gente. No debiera ser así... pero es lo que ocurre en México. No debe olvidarse, por ejemplo, que un día antes de que el presidente Peña Nieto anunciara que la reconstrucción costará 48 mil millones de pesos, él mismo había aprobado y promovido una actitud ofensiva: el uso de un helicóptero del Estado Mayor para que el senador Emilio Gamboa viajara hasta donde él estaba... para jugar golf. Ni siquiera les pareció mal; pero es una muestra clara del uso y costumbre de la clase política mexicana, insensible en un momento de urgencia. Ya ni siquiera fingen. ¿Qué pasó con la propuesta priísta de eliminar a los diputados y senadores plurinominales, y desaparecer el dinero público a los partidos políticos? ¿Qué pasó con las propuestas de los otros partidos; de Morena, del Frente que conforman PAN, PRD y MC? No ocurre nada. Sólo fueron palabras. La reconstrucción, no debe olvidarse, dependerá sólo de los mexicanos. Por eso es indispensable mantener la alerta; revisar detenidamente de dónde pretenden obtener los recursos; revisar, calificar, exigir. Ese es el principio del cambio.
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